Si extrapolamos las estadísticas nacionales más conservadoras a nuestro curso, es posible que 5 de nuestros niños esté siendo víctima de violencia por parte de sus padres, físico o verbal. Ésta es una aproximación a la virulé, estamos de acuerdo, sin embargo y para prevenir la ocurrencia de este problema en nuestra comunidad de padres, quice postear este tema.
Para la connotada psicóloga Neva Milicic “es un gran error aplicar cualquier tipo de castigo a los hijos, porque provocan daños importantes en su desarrollo. El problema está en que los padres creen que está bien castigar y decirle al hijo ‘como te sacaste malas notas no vas al cumpleaños de tu amigo’, y no saben que no sólo eso es dañino para los niños, sino que además no sirve de nada, porque los castigos no son efectivos”.
Explica además que “en el castigo el niño paga su culpa, pero no hace propósitos para el futuro ni repara su falta. La idea es que no hagan las cosas por miedo, porque eso pierde su efectividad en cuanto la persona que ejerce el castigo desaparece”.
Más información la puedes encontrar aquí.
Cuando he leído opioniones en foros me ha sorprendido la frecuencia con que padres argumentan en este tenor: “mi padre me sacaba la ‘cresta’ y aquí estoy sin ningún trauma, que daño va a causar una palmada en el poto bien dada cuando es necesario o un reto merecido”. Vivimos en una cultura autoritaria heredada de nuestros padres, pensemos en las reacciones de muchos de los ‘sin traumas’ por haber sido educados en esas normas, cuántos de nosotros:
- Nos angustiamos cuando vamos a pedir un aumento de sueldo y somos de los que llegamos a la puerta del jefe, damos media vuelta y nos devolvemos para regresar mañana.
- Tenemos problemas para hablar en público, sobre todo en grupos numerosos y desconocidos.
- Cuando estamos en la fila del banco y alguien trata de ‘colarse’, le reclamamos al que tenemos al lado como si éste pudiese hacer algo, y no nos acercamos al guardia o encaramos directamente a la persona que se quizo pasar de lista.
- En un servicio público o empresa privada, al ser víctimas de la desidia y la flata de respeto en la atención, en vez de pedir hablar con el jefe o dejar el reclamo por escrito, nos vamos a casa reclamando por el país en que vivimos.
- Cuando estamos en un restaurant y el mozo no nos atiende, en vez de alzar la voz para ser escuchado, esperamos a que éste mire la mesa, aunque esto demore 5 minutos.
- Y lo que es peor, cuando podemos hacer cambios importantes o trascendentes en nuestras vidas, realizar cosas enriquecedoras y que íntimamente deseamos más que nada, nos decimos ‘para qué, si no voy a ser capaz’.
Es decir, adultos tímidos, inseguros y apocados. No estoy criticando, advierto, personalmente soy fruto de la misma cultura y es posible que muchos de estos comportamientos, en mayor o menor medida, también sean míos.
Mi análisis no tiene nada de científico ni profesional, debo reconocer está mas cerca de la hociosidad que del rigor, sin embargo, cuando veo a una madre, ABC1 en el Jumbo La Dehesa o D o E en el Montecarlo de J.J.Pérez en Cerro Navia, gritoneando y humillando en público a un niño de 5 años , o un padre dándole instrucciones a una hija de 3 años con un tono digno del instructor de Pelotón, me pregunto cuántos de ellos son hijos de padres autoritarios y cuántos son adultos “sin traumas” que presentan algunos de los comportamientos que acabo de listar y otros tanto más complicados, o si no preguntémosle a las mujeres que engrosan las estadísticas de mujeres maltratadas.